¿Quién es Daniel Varela?

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Mi relación con la fisioterapia y el ejercicio físico empieza desde muy pequeño. Crecer con hermanos mayores se puede decir que es el primer deporte que uno practica, pues la competición estaba en cualquier parte de la casa. Mis padres siempre han querido que tuviésemos una sana relación con el ejercicio, practicando disciplinas tan diferentes como el judo o baloncesto. Raro era el fin de semana que no nos desplazábamos todos juntos para competir.

Cuando empiezas a entrenar y competir un poco más, empiezan las lesiones. Una fractura de rótula debido a un traumatismo directo me dejó mucho meses en el dique seco, y claro con 14 años es difícil de llevar.

“Entrenadores, padres y  fisioterapeutas tienen un papel fundamental en el desarrollo del jugador/a”

Pero siempre que se cierra una puerta, se abre una ventana, y la mía fue la fisioterapia. Cuando comencé la recuperación de la lesión de rodilla, no pensaba que iba a ir tan rápido y tan bien. Al principio, me daba un poco de vergüenza preguntar y me quedaba mirando a mi fisio Diego, que aprovecho para saludar, como hacía aquellas movilizaciones, ejercicios y me ponía unas máquinas “un poco raras”. Poco a poco empecé a preguntar y a interesarme, hasta que tras terminar los estudios de bachiller pude elegir: dejaba Almería y me iba a Granada para hacer Fisioterapia.

Como en cualquier carrera, hay cursos mejores y peores, asignaturas que te fascinan y otras que de ninguna manera repetirías. Pronto me di cuenta de que las técnicas que utilizaban en los tratamientos era pasivas, el paciente solo se tenía que tumbar y tú te buscabas la vida. Sentía que necesitaba mucho más información, otras formas de ver los tratamiento, las evaluaciones… Así que decidí apuntarme a algunos cursos que estaban fuera del “estándar” del fisioterapeuta común. Periodización del entrenamiento, barefoot o pilates, fueron algunos de los que cursé, sin ni siquiera terminar el grado. Y gracias a ello, conocí a mis compañeros de CAFD  de los que sigo aprendiendo día a día.

Después de todo, me gusta echar la vista atrás, ver mis primeras publicaciones y anotaciones de tratamientos. Todo evoluciona, mi forma de pensar, evaluar y tratar con los pacientes; mi forma de escribir en el blog, la elección de los temas que voy a escoger…

Al final, mi objetivo no es otro que:

“Aprender día a día de mis compañeros y pacientes, para poder ayudarles cuando lo necesiten”